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CON LA REGLA DE AURORAMe costó un poco de esfuerzo y tres azotes más conseguir que me dijera el nombre de su compañera de trabajo, la propietaria de la regla con la que me estaba dejando el culo rojo, pero valía la pena. Sabía que durante mucho tiempo, recordaría aquella sesión y agradecería a Aurora el haberse dejado la regla olvidada el viernes encima de la mesa.Le conocía de Internet. Habíamos chateado varias veces y un par de encuentros a tomar unas cañas habían despejado mis miedos sobre si sería un asesino o alguien sucio que no me gustara o cualquier otra cosa. Era solo un tío normal con afición a la dominación. Y me daba confianza. Por eso aquella tarde que sabía que estaría sola en casa le mandé un mail y le dije que quería ser su puta. Nada de largos adiestramientos ni convertirme en su esclava. Era mi primera sesión. Solo quería saber si me sentiría cómoda materializando aquello con lo que fantaseaba o solo era parte de un juego de excitación.Él aceptó mi solicitud y, para mi extrañeza me citó en su oficina. Tenía que terminar un proyecto –me dijo- y trabajaría hasta que yo llegara. El tener que salir a la calle hizo que me sintiera aún más expuesta. Tenía la sensación de que todo el mundo sabía a dónde iba y lo que iba a hacer. Que se me notaba en la cara que no llevaba bragas.Había intentado vestirme sexy pero tres días antes me había caído y tenía un esguince en el tobillo que imposibilitaba por completo tacones y por lo tanto muchos de mis modelitos así que, para parecer un poco más deseable, me rasuré bien todo el cuerpo y me puse unas medias negras de liguero, una minifalda vaquera y un jersey ceñido, directamente sobre mis pechos desnudos. Lo bueno de que fuera invierno es que adana escort me pude cubrir con la gabardina. Ah! Y labios rojos de puta. Eso siempre triunfa.Al llegar a su trabajo, la recepcionista en la puerta que pregunta, yo que me pongo como un tomate y ella asiente y me deja pasar. Subo a la última planta, recorro los pasillos hasta encontrar el despacho y tomo aire. Respiro un par de veces y toco con los nudillos. Adelante, me dice, y ya no hay marcha atrás.Cuando paso, me recibe con una sonrisa. Qué guapa estas –me dice-, aunque esperaba algo más sexy.. Bueno, es que con lo del esguince…-intento excusarme-. Pero él me atrae con fuerza y me besa sin dejarme terminar. Un beso lento, suave, pero cargado de lengua, muy sexual. Empieza a acariciar mi cuerpo sin mucho preámbulo como aquel que sabe que toca algo que le pertenece y enseguida se da cuenta de que no llevo más ropa que la que se ve. Eso le gusta.Me mete la mano por debajo del jersey y toca mis pechos. Estas caliente –me dice-. Uff! Vaya si estoy caliente! Y eso que voy medio desnuda en pleno invierno. Y cuanto más me toca, más me enciendo…Me soba las tetas con cierta vulgaridad, como si realmente yo fuera una guarra, una puta de la calle. Y eso me gusta mucho. Y de pronto, su mano me levanta la falda por detrás, me acaricia un momento el culo y me da un cachete. ¿te gusta ser una zorrita?Uf! La lujuria se me sale por los ojos y estoy tan excitada que no acierto ni a balbucir una respuesta. Solo puedo asentir.Date la vuelta. Voy a comprobar si es verdad.Y obediente y entregada me doy la vuelta. Su mano grande atrapa mis muñecas y me las apoya contra la pared. La otra, recorre mi culo de nuevo, con obscenidad, deleitándose en mi coño adana escort bayan depilado, metiéndome un dedo, dos, empapándose de toda mi calentura. Me lo lleva a la boca y no tengo más remedio que chuparlo, aunque me da bastante asco pero estoy tan excitada que chuparía hasta el suelo.Me siento totalmente expuesta: abierta de piernas, con el culo en pompa, apoyada sobre una silla de oficina, con el jersey subido hasta el cuello y las manos, la cara y las tetas contra la pared. Y el coño chorreando…De pronto, de su mochila le veo sacar un par de juguetitos. Me sorprende, pero me agrada. La verdad es que siempre me ha gustado que me masturbaran con esos cachivaches. Tiene una ristra de bolas fucsia que espero meta en mi coño, me gustaría sentirlas chocar como he leído algunas veces, pero me equivoco. Me las da para que las chupe. Me las mete todas en la boca, como si fuera una cerda glotona y me dice que las chupe bien. Mientras, se agacha y escribe algo en mi coño. Algo corto que no me deja leer.Me siento que por fin alguien sabe cómo humillarme y lo mucho que eso me excita.Con las bolas empapadas en mi saliva, empieza a jugar a frotarlas por mi coño chorreante. Estoy ansiosa porque me las meta cuando noto que la primera, la más pequeñita, ha entrado en mi culo. Me contraigo y me asusto. La verdad es que esto no entraba en mis planes. Hasta ahora, ese agujerito era virgen. Un par de segundos de tensión y él me pregunta “¿no querías ser una zorra?”Tiene razón. Eso es lo que le había pedido. Por eso estoy ahí y quiero llegar hasta el final. Así que agacho la cabeza y saco el culo. Me relajo. Quiero ser su puta. Me está gustando todo esto.Las bolas entran. La primera, la segunda, la tercera… escort adana mi culito virgen de zorra deseosa las va acogiendo hasta que quedan dos fuera. Esas ya no me entran. Da igual, me dice. Se te quedarán fuera como si fueras una cerdita con su rabo rosa. Lo agito para mostrar mi satisfacción. Me siento verdaderamente guarra.Pero él sigue. Ahora le toca el turno a ese pequeño vibrador rosa, estriado, que se mete sin rechistar directamente en mi coño. Un par de embestidas suaves y se acopla perfectamente.Me gustaría que lo activara, pero no tengo esa suerte. Solo me lo deja bien dentro, encajado hasta el final. Entonces se separa un poco de mi. Toma distancia para contemplarme así, tan entregada y sucia y me dice lo mucho que le gusta comprobar que verdaderamente soy la guarra que había esperado, que a las putas hay que pagarles mucha pasta para que se dejen hacer esas cosas y que en verdad resulta mucho más divertido con las pijas como yo.Puf!! Me está poniendo a cien con sus palabras y meneo mi culo para demostrárselo, cuando de pronto, coge la regla que está encima de la mesa y la pasea por mi espalda.Me va a azotar, pienso, y me asusto un poco. No me gusta el dolor, pero con el primer reglazo, algo cambia de pronto en mi cerebro y sin saber cómo, un gracias sale de mi boca. Gracias por hacerme una zorra. Gracias. Gracias mi señor. Gracias. Gracias por azotarme. Gracias por tratarme como una puta. Y con cada azote me descubro a mi misma y mi verdadera naturaleza de zorra y de sumisa entregada.Quince conté en total. La docena que tenía prevista más los tres por averiguar el nombre de la propietaria de la regla. Tenía el culo rojísimo y unas ganas inmensas de que me dejara correrme. Pero no fue así. Me hizo vestirme de nuevo pero dejándome los juguetes, retocarme los labios y ponerme el abrigo.Vamos, dijo. Ahora que sé lo guarra que eres voy a exhibirte un poco. Iremos a tomar algo mientras pienso en cómo sacarte partido…

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